✨ Valorada en USD 1 millón tras una exitosa ronda de financiación
Obtener capital de un reconocido fondo de venture capital parecía la cúspide del viaje emprendedor, pero fue solo el inicio. En este artículo, cuento el proceso de recaudación, lo que sucedió después de la inversión y los desafíos inesperados que pusieron a prueba la planificación y resiliencia de la empresa. Una historia real sobre aprendizajes, disputas societarias y la importancia de estar preparado para lo imprevisible.
Felipe Barelli
Published at March 26th 2025
En el ecosistema de startups brasileño, conseguir inversión de un fondo de venture capital sigue siendo visto como el gran hito de éxito para muchos emprendedores. Pero lo que pocos cuentan, y menos aún están preparados para enfrentar, es que el cheque es solo el comienzo de un viaje aún más complejo, intenso y lleno de giros inesperados.
Los fondos de capital de riesgo en Brasil tienen, en su mayoría, un perfil conservador. Pocos se arriesgan con ideas audaces sin validación o ingresos robustos. Yo lo sabía. Y aún así, había un fondo específico que me fascinaba: por su tesis de inversión, por su contenido, por la visión de sus gestores. Para mí, cerrar con ellos sería un sueño.
Pasé meses siguiendo todo lo que publicaban: redes sociales, canal de YouTube, libros del CEO. No sabía cuándo, pero tenía la convicción de que ese momento llegaría. Lo que no imaginaba era que sucedería tan rápido.
Casi un año después de fundar mi empresa, con los ingresos acercándose al mínimo requerido por la tesis del fondo, recibí un mensaje inesperado en LinkedIn de un colaborador responsable de la prospección de startups. Era el inicio de un proceso que duraría seis meses.
Si crees que recaudar inversión es simple, directo y rápido, estás equivocado. Fueron meses de reuniones, presentaciones de pitch, intensas negociaciones de valoración, discusiones sobre dilución y rondas futuras, envío de documentos contables, due diligence y mucho más.
Al final, firmamos un contrato de préstamo convertible por R$ 400 mil, con una valoración de R$ 4 millones. Para quienes no lo conocen, el préstamo convertible es un modelo común en esta etapa: el inversor presta un monto a la startup y, al vencimiento del contrato, puede optar por convertirlo en participación accionaria.
Esta inversión no era solo capital de trabajo. Era el combustible para probar precios, canales de adquisición, procesos de venta y validar el modelo de negocio en busca de escala y tracción. El plan era claro: invertir en crecimiento y construir una máquina comercial sostenible.
Pero la vida real es diferente al pitch deck.
Con el mercado tecnológico en auge, especialmente en el exterior, y los salarios por las nubes, dos socios decidieron abandonar la empresa. Lo que comenzó como una reestructuración se convirtió en una disputa societaria que duró casi dos años.
Gran parte del capital que se usaría para crecer fue destinado a comprar las participaciones de estos socios. Pagos que no estaban previstos. Fue un golpe duro.
¿La buena noticia? Fuimos cautelosos. Reservamos una parte importante del monto para capital de trabajo, lo que nos dio aire para enfrentar este desafío sin necesidad de nuevas rondas o deudas.
A pesar de la resolución, el impacto fue real. El plan de marketing y ventas tuvo que reajustarse. La velocidad de crecimiento se vio afectada. Perdimos tiempo y espacio en el mercado. Pero sobrevivimos. Con resiliencia, enfoque y aprendizajes profundos sobre sociedad, recaudación y ejecución.
Conseguir inversión de un fondo respetado fue, sin duda, un gran logro. Pero el dinero en caja no garantiza el éxito. Es solo el inicio de una nueva fase, aún más demandante e impredecible. Tener claridad sobre el uso de los recursos, estar preparado para imprevistos y, sobre todo, mantener el foco en la misión de la empresa es lo que separa a los fundadores que prosperan de los que quedan en el camino.
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